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UNIVERSIDAD NACIONAL DE LUJÁN
CONCURSO ENSAYOS 35 ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN
-20 de diciembre de 1972 al 20 de diciembre de 2007-
Ensayo ganador: La Universidad Nacional de Luján: entre utopias, mitos y realidades
Realizado por Leonardo Malacalza, profesor titular de la UNLu desde el
15 de agosto de 1973
A la memoria de
César Lugones, María Marta Vásquez de Lugones y Mónica Mignone,
docentes de la Universidad Nacional de Luján desaparecidos
por la dictadura que detentó el gobierno en Argentina desde 1976 a 1983.
Con la esperanza de que nunca más haya tantas penas y olvidos.
La hipótesis central es que la clausura de la UNLu en 1979 tiene causas inherentes al proyecto académico con el que se creó y con el que existió y se desarrolló hasta ese año. La Universidad Nacional de Luján fue pensada, proyectada y creada durante una dictadura militar; con ese proyecto básico fue puesta en marcha por un gobierno elegido democráticamente que duró tres años y, sin cambiar la esencia del proyecto, continuó funcionando y creciendo cuatro años más durante otra dictadura militar. Con cada gobierno las circunstancias del país y de esta universidad fueron cambiando, pero la idea original no se perdió hasta el cierre.
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Esta historia que comienzo a contar es sólo parte de mis recuerdos y de lo que puede encontrarse en los papeles ya amarillentos que he apilado en treinta y cuatro años. No quiero que los recuerdos se pierdan en el olvido.
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Aquellos fueron los años
Y aquel fue el proyecto
"Universidad Nacional de Luján, para impulsar el desarrollo" se podía leer en el cartel que había en el Km. 70 de la ruta 5 en 1973. Allí, en la Hostería del Barrio San Antonio, funcionaba la nueva universidad cuando llegué a las 9 de la mañana del sábado 11 de agosto de aquel año.
Me pregunté ¿serán desarrollistas?
Emilio Fermín Mignone, el rector de la universidad, me había citado para hablarme del proyecto de esa universidad, del Ciclo de Estudios Generales que comenzaría en septiembre y de mi posible designación como profesor de ecología.
Me recibió un formal señor de traje gris y sombrero de fieltro, el Sr. Cassano, quien se presentó como el intendente. Pensé que quizá era el intendente de Luján.
Cassano me guió hasta el edificio de las oficinas donde esperaría al rector. Antes de que Mignone llegase apareció un señor de unos 50 años a quien pregunté si era profesor pero me dijo que venía porque aspiraba a ingresar como alumno sin título secundario.
Después llegó Mignone quien me explicó cuál era el propósito del Ciclo de Estudios Generales en el que estaba previsto incluir la asignatura ecología. Las clases comenzarían en septiembre. Me pidió que, si me interesaba la propuesta, el miércoles 15 le llevara un programa para la materia, el que sería evaluado en reunión con los profesores que estarían a cargo de las otras asignaturas del ciclo. Al salir de la reunión me presentó al veterinario César Lugones, de 22 años. Mignone me había dicho que yo podría traer un colaborador y que César me habría de ayudar como asistente, así llamaban a los jefes de trabajos prácticos (JTP).
El 15 llevé mi propuesta. Era casi igual al actual programa: una primera parte de elementos de biología., una segunda con teoría ecológica y una tercera con los problemas del hombre en la biosfera: la contaminación, el uso de los recursos naturales y el crecimiento de la población humana. Mignone sugirió hacer más hincapié en la tercera parte, pero aceptó que sin conocimientos de biología y de teoría ecológica hablar de aquellos problemas no podría pasar de ser información como la que ofrece el periodismo. Ya solos los profesores, el profesor de Política, preguntó al de Filosofía cual era mi posición filosófica según lo que podría inferirse del programa que propuse, a lo que contestó: es un biologista (¿?).
A partir de ese día fui contratado. Me dieron un cargo de profesor titular. Como asistente propuse a una licenciada en botánica recibida el año anterior en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata, Celia Bulit.
A Mignone le habían propuesto mi designación el presidente y el secretario de la Asociación Argentina de Ecología, por entonces los doctores Jorge H. Morello y Santiago R. Olivier. Fue el Ingeniero Jaime de la Plaza quien vio la revista Ecología de aquella asociación donde figuraban los nombres de la comisión directiva y sugirió a Mignone dirigirse a ellos para que le propusieran algún ecólogo para dictar la materia. Yo acepté por el aval de esos grandes ecólogos, que se fundaba en que yo tenía una buena formación básica y había trabajado y estudiado en la Universidad de Barcelona dirigido por el Dr. Ramón Margalef, considerado el más importante ecólogo latino del siglo XX. Los profesores titulares de las otras materias ya habían sido designados: para Economía General el licenciado Héctor Tomasini, para Formación Política y Problemática Nacional el abogado Reinaldo Pérez Urbizu, para Filosofía y Metodología de las ciencias el profesor Luís Adúriz, para Programación el licenciado Mauricio Milchberg y para Matemáticas General el ingeniero industrial Jaime de la Plaza. El secretario académico era el licenciado en física Alberto Jech, un lujanense que había participado en la comisión pro-Universidad Nacional de Luján.
No había tiempo que perder. Comencé las clases de ecología el sábado 1° de septiembre a las 8 de la mañana en la Hostería, acondicionada sólo con pizarrones, bancos y una estufa de leña. Me acompañaron Celia, César y Roberto. Pero el acto formal de comienzo fue el lunes 3 en el que participó el rector.
Qué me entusiasmó de la propuesta
La idea original del ciclo introductorio estaba en el estudio de factibilidad (Tomo V). Se proyectaba allí un ciclo obligatorio de admisión y un ciclo básico que iniciase y orientase a los estudiantes en los estudios universitarios, haciéndoles conocer la realidad histórica, económica y social del país. La idea se concretó con la obligatoriedad de cursar seis materias en el primer año, a saber, Economía General, Formación Política y Problemática Nacional, Matemática General, Programación, Filosofía y Metodología de las Ciencias y Ecología General. La coordinación de este Ciclo la realizaba el Departamento de Orientación Educativa (DOE) cuyo director era el profesor Carlos Cuidet.
Desde el comienzo los docentes a cargo de la seis asignaturas y especialistas de DOE comenzamos a reunirnos para intercambiar ideas respecto a cómo evaluaríamos a los estudiantes. Nosotros, en ecología, el primer día les tomamos una prueba de nivel para tener una idea de cuánto sabían acerca de los temas que desarrollaríamos. La misma prueba se la tomamos al finalizar el curso. Al terminar el año los seis profesores titulares del Ciclo de Estudios Generales nos reuníamos para considerar los casos de los estudiantes que presentaron dificultades para alcanzar los objetivos propuestos y decidíamos si estaban aprobados o debíamos pedirles que recuperasen algo o recurrieran al DOE.
Se aspiraba a que en las evaluaciones se utilizasen las pruebas objetivas pero también se les diese la posibilidad de expresar de otros modos los conocimientos que adquirían. Para eso era necesario conocer lo mejor que pudiésemos a cada estudiante. De cada uno teníamos una ficha en la que además de los datos personales, anotábamos otros datos como estado civil, trabajo, grado de escolaridad y el de sus padres. Allí asentábamos las calificaciones que obtenían en las evaluaciones orales y escritas. También anotábamos las observaciones sobre claridad en la expresión oral, conocimientos generales, interés por la materia, conocimientos previos sobre los temas, esfuerzo, integración al grupo, asistencia y participación en las clases. Estábamos interesados en que aprendieran a estudiar por si solos y colaborando con compañeros y con docentes usando los temas de ecología como un medio. El proceso de evaluación, tal como fue pensado y escrito en el tomo VI del estudio de factibilidad de la UNLu, incluía a alumnos, a docentes y al desarrollo de las clases.
En ecología se daban clases expositivas teóricas y se hacían varios trabajos prácticos. Durante una hora y coordinados por un docente, en grupos de seis, se les hacía estudiar textos que les dábamos y se hacían monografías con el método correspondiente. A quienes presentaban problemas para el aprendizaje el DOE los atendía en forma personalizada, para eso tenía entre su personal varias licenciadas en educación y en psicopedagogía. En las otras asignaturas del CEG también hicieron muy importantes innovaciones en la enseñanza. Particularmento recuerdo lo realizado en Matemáticas, materia que históricamente en otras universidades resultaba "dura" para los estudiantes de las ciencias sociales y las humanidades, en la de Luján, sin bajar el nivel de exigencias, era bien aceptada y entusiasmaba a estudiantes de esas áreas.
Entre los estudiantes había desde adultos ya jubilados hasta chicos de 18 años; de todas las clases sociales y diferentes proyectos profesionales; algunos que querían estudiar sólo por conocer más de las cosas de este mundo y otros que querían tener una profesión universitaria. Y el contenido del Ciclo de Estudios Generales que era el primer año de todas las carreras les daba esa posibilidad.
El país de esos años
Desde 1955, año en que fue destituido Perón, se sucedieron gobiernos militares y civiles hasta que en junio de 1966 asumió la presidencia el general Juan Carlos Onganía y un mes después intervino todas las universidades nacionales. Fue la noche de los bastones largos y muchos docentes de la UBA renunciaron, muchos partieron hacia otros países buscando continuar con sus proyectos.
En el año 1969, en la ciudad de Córdoba, con los estudiantes universitarios al frente y los gremios de obreros combativos se produjo una rebelión que quedó en la historia como "el cordobazo". En 1970 los Montoneros secuestran y en la clandestinidad enjuician y fusilan al ex presidente de facto general Pedro E. Aramburu. Al poco tiempo Onganía es destituido por el ejército comandado por el general Alejandro Lanusse quien, después de una breve presidencia del general Levignston, asume la presidencia él mismo en 1971.
La juventud de la clase media de esos años participa de un movimiento cultural y político como nunca antes había sucedido en el país. La Revolución Cubana, el Che Guevara, el mayo francés y muchos intelectuales desde adentro y desde fuera de Argentina y Perón, son fuentes de inspiración y rebeldía contra la llamada "revolución argentina" que comenzó con Onganía.
A mediados del 72 se produce el operativo retorno de Perón a la Argentina. En ese viaje de regreso, a Perón entre muchos otros lo acompañó Emilio Mignone.
Aquellas las ilusiones de muchos
Y las esperanzas de pocos
Lanusse llama a elecciones para el 13 de marzo de 1973 y Perón –que por no vivir en Argentina no podía ser candidato- designó a su delegado personal, el Dr. Héctor Cámpora, y al conservador Vicente Solano Lima como candidatos a presidente y vicepresidente por el partido que lo representaría, el Frente Justicialista de Liberación. Ganó el peronismo y Cámpora que asumió la presidencia el 25 de mayo, designó a Jorge Taiana Ministro de Educación al que le sugirió el nombre de Emilio Mignone para rector interventor de la UNLu, quien asumió el cargo los primeros días de junio.
Cámpora y Solano Lima renunciaron a principios de julio y se convocó nuevamente para elecciones en septiembre. Las elecciones las ganó la fórmula Juan Perón-María Estela Martines de Perón que asumió el Poder Ejecutivo el 12 de octubre.
Tras el golpe de estado en Chile el 11 de septiembre del 73, al finalizar la clase de ecología del viernes 14, dije que yo hablaría del golpe de estado en Chile, los que se querían retirar podían hacerlo. Se quedaron todos y escucharon que yo repudiaba el golpe y los invitaba a reflexionar. También lo hice en la reunión de docentes, no docentes y estudiantes de la UNLu que se realizó en el aula más grande de la hostería –la de la estufa de leña. Naturalmente hubo un pequeño grupo de alumnos que se expresaron a favor del general Pinochet que había usurpado la presidencia en Chile después de provocar la muerte del presidente constitucional, el doctor Salvador Allende.
Debido a la sangrienta dictadura que se instaló en ese país muchos se vieron forzados a dejarlo. Chilenos que eran perseguidos y argentinos que allá habían ido a trabajar tras la intervención a las universidades por el gobierno de Onganía en 1966. De éstos Mignone les dio trabajo en la UNLu a Pedro Hernández, Silvia Pezzani, Alfredo Salibián y Eduardo Zeiss.
Quién era Mignone
Mignone era de una familia de Luján y había tenido cargos políticos importantes: fue Director de Enseñanza cuando era gobernador de la Provincia de Buenos Aires Víctor Mercante, y Perón Presidente. Años después fue subsecretario de educación de la Nación entre los años 1969-71 en los gobiernos de facto de los sucesivos presidentes los generales Onganía, Levignston y Lanusse.
Cuando comenté a mis amigos profesores reformistas de La Plata que Mignone me ofrecía trabajar en la UNLu me advirtieron: pertenece al nacionalismo clerical. Tras 25 años desde que lo conocí hasta su muerte en 1998 puedo decir que Emilio Mignone era un hombre austero, intelectualmente muy sólido, muy estudioso y con un gran coraje –quizá audaz- para innovar en los temas de la educación. Y también decir que en su actividad política era básicamente un pragmático. En el libro que escribió sobre La UNLu dice que estando con Taiana en el despacho del ministerio, en un momento que quedó solo, y conociendo el lugar, buscó y sustrajo el expediente por el que desde el ministerio de Bienestar Social, que conducía López Rega, se había iniciado la gestión para derogar la transferencia del Instituto Alvear a la UNLu. Lo metió en su portafolio, fue al baño, lo destruyó y tiró por el inodoro. Para Mignone en ese caso el fin justificaba los medios. Y cuando lo contó y después lo escribió dijo que fue una decisión arbitraria pero acertada dirigida al bien común.
Me pregunto -¿Cuál es el límite desde el que, invocando el bien común, se puede comenzar a justificar cualquier medio?
Tras el secuestro y desaparición de su hija Mónica y hasta su muerte 22 años después, Mignone dedicó todos sus esfuerzos a la lucha por el respeto a los derechos humanos y para que se conociera lo sucedido con tantos desaparecidos durante la dictadura que comenzó en 1976. Creó el Centro de Estudios Legales y Sociales, una organización que perdura y lleva adelante la lucha por los derechos humanos. La investigación, el estudio sobre ese tema fue una durísima y admirable tarea que realizó hasta el final de su vida siempre acompañado por su esposa; tarea que fue reconocida dentro y fuera del país y dio origen a innumerables conferencias y varios libros que escribió sobre el tema.
La creación de la UNLu
La Universidad Nacional de Luján había sido creada por Decreto-Ley del 20 de diciembre de 1972 con la firma del presidente Alejandro Lanusse y del ministro de educación Gustavo Maleck. En febrero del 73 Lanusse había designado rector de la UNLu al Ing. Químico y Ph.D. en edafología Ramón Rossel, de la Universidad Nacional del Sur, de Bahía Blanca, de donde provenía también el ministro Maleck.
Rossel en el discurso de asunción manifestó su total compromiso de poner en marcha el proyecto de la Comisión Pro Universidad adhiriendo a las líneas generales que lo habían inspirado. Particularmente destacó la importancia de la estructura departamental y de la docencia implementada por medio de cursos y carreras a término, que tuvieran como objetivo cubrir la demanda sólo en la medida de las necesidades de la región.
Rossel instaló su despacho en la Biblioteca Ameghino de Luján, proyectando que las clases podrían comenzar en el segundo semestre del 73, preparó un presupuesto de 20 millones de pesos que fue aprobado por el gobierno nacional y alquiló la Hostería del Barrio San Antonio. Y allí lo encontró el cambio de gobierno el 25 de mayo de 1973.
El proyecto de crear universidades
La creación de nuevas universidades estaba prevista en el Plan de Desarrollo y Seguridad 1971/75 del gobierno militar iniciado por Onganía en 1966. El doctor Alberto C. Taquini en el año 1967 fue designado Decano de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, y en el año 1968, en Chilecito, La Rioja, presentó su proyecto de creación de nuevas universidades.
Uno de los argumentos de Taquini era que debía evitarse el crecimiento de las universidades ya muy grandes como la UBA, La Plata o Córdoba. Que debía tenderse a universidades de estructura académica departamental que tuviesen entre 10 y 20 mil estudiantes y que se ocupasen prioritariamente de atender las necesidades emergentes del crecimiento demográfico y de desarrollo de las respectivas regiones. El plan de Taquini hablaba de crear tres universidades próximas a la ciudad de Buenos Aires, una en el sur, que luego sería la de Lomas de Zamora, otra en el norte que no se creó, y otra en el oeste, en Luján. En otras provincias propuso la de Río Cuarto y en la Patagonia la Universidad Austral.
La Comisión Pro Universidad
La Comisión Pro Universidad de Luján se constituyó el 9 de agosto de 1969. El Presidente era el Dr. en medicina Alceo Barrios, el Vicepresidente el Prof. de filosofía Manuel O. Peláez y el Secretario el Ing. civil Gerardo Amado; los tres de la ciudad de Luján. Esta Comisión, en julio de 1971, presentó al ministro de educación Gustavo Maleck los Fundamentos para la Creación de la Universidad Nacional de Luján, un prolijo y completo informe de 159 páginas.
En diciembre de 1971 el gobierno nacional creó la comisión especial para estudiar la factibilidad de una Universidad Nacional en Luján. Esa comisión especial la integraban, además de la ya existente Comisión Pro-Universidad, representantes del gobierno nacional y otras instituciones. En el minucioso informe que produjo -en siete tomos- se delineó una universidad de características muy diferentes a las que conocíamos en nuestro país.
Así, en el primero de los tomos del estudio de factibilidad se puede ver que los promotores se proponían que la misma orientase sus actividades de docencia, investigación y servicios a la comunidad, en dos áreas fundamentales:1) ciencias agrarias (producción agropecuaria y ciencia y tecnología de los alimentos); 2) ciencias sociales aplicadas (minoridad y familia, cooperativismo, asistencia y promoción comunitaria, salud pública y educación). La universidad que se podría crear estaría ubicada en la confluencia de la zona productora de alimentos más rica del país con el más grande centro de consumo y de venta al exterior de esos productos.
Históricamente el país había sido proyectado como agro-exportador y la más grande red de transporte confluye hacia dicho centro de consumo y exportación. Pero una producción de alimentos no procesados para su consumo en Argentina o en el exterior, quitaba a las zonas productoras de importantes fuentes de trabajo que podrían aumentar el valor de dichos productos en el lugar de origen.
Por esta razón la Comisión Pro- Universidad pensó que, no existiendo en el país ninguna carrera universitaria de grado para formar profesionales capaces para el procesamiento y transformación de esa producción de materia alimenticia, la universidad a crearse debería tener esa carrera como la primera para armar el proyecto pedagógico: la Licenciatura en Transformación de Alimentos. Pero también había que pensar que era necesario formar profesionales de la agronomía capaces de responder a una demanda cambiante de la calidad de tales productos, se hablaba de licenciados en producción animal y en producción vegetal; se estaban anticipando nada menos que a los actuales biotecnólogos de la producción agropecuaria.
Como la producción y la transformación de los alimentos deberían ser administrados por especialistas se creó la carrera de Administración de Empresas. Y como la empresa agropecuaria es propiedad de adultos cuyas posibilidades de estudiar formalmente en universidades es muy limitada, se creó la carrera de Educación Permanente con especialidades dirigidas a la educación de adultos, la enseñanza a distancia y los medios de comunicación social. Entre otros objetivos, se aspiraba a llegar a la casa de los productores mediante la radio y la televisión para brindarles los conocimientos que pudieran mejorar sus empresas.
Las áreas y carreras mencionadas podrían constituir un proyecto por sí solas, pero en países subdesarrollados y poco desarrollados como el nuestro los problemas sociales que afectan a los menores y a sus familias, particularmente de la clase más pobre, no tenían en nuestro país una universidad que se ocupase de investigar y producir los profesionales capaces de trabajar en esos problemas. Así se pensó en el desarrollo de un área de investigación social aplicada a la minoridad y la familia, que sería la primera de nivel universitario en Latinoamérica. Además en la periferia de Luján había instalados muchos Institutos que albergaban a menores provenientes de familia muy pobres, o sin ellas, como el Instituto Ángel T. de Alvear. Atendiendo a esa demanda nacional y regional se pensó en la creación de la carrera de Técnico en Minoridad y Familia.
Todas las carreras de a Universidad tenían un año común: el Ciclo de Estudios Generales de un año de duración, un ciclo básico correspondiente a cada área y un ciclo de especialización de acuerdo al sub-área elegida.
La estructura académica del proyecto original y que aún se conserva, es la departamental: la UNLu no tendría facultades con carreras propias sino departamentos que agruparían a docentes e investigadores de grandes campos del conocimiento.
Las carreras dependerían del Rectorado a través de una Secretaría y los distintos departamentos darían los servicios de docencia que ellas necesitasen. Esas carreras serían a término, es decir que podrían cerrarse si no hubiese más demanda, y no por eso los docentes dejarían de tener trabajo, porque pertenecerían a los departamentos y no a las carreras.
Una vez que se puso en marcha la UNLu tuvo cuatro departamentos que existieron hasta el cierre: el de Política Científica y Tecnológica, el de Política Cultural y Educativa, el de Política Social y el de Orientación Educativa.
Septiembre del 73
Hasta ese momento la Universidad era sólo un decreto-ley de un gobierno de facto y, sabiendo que era posible y fácil derogarlo con otro decreto, Mignone se propuso tener docentes y alumnos lo antes posible y por eso fue que los cursos regulares comenzaron, como dijimos, en septiembre de 1973. La mayoría de los primeros inscriptos eran de Luján y otros partidos cercanos. Había entre ellos desde peones hasta dueños de campo, maestros y profesores en actividad y jubilados, empleados de bancos, de los institutos de menores de la zona, de los municipios y algunos militantes políticos, pero no había aún actividad política estudiantil.
El promedio de edad de los alumnos era de alrededor de 33 años. Con una matrícula de aproximadamente unos 500 estudiantes, esa edad promedio indicaba claramente que, en primer término, la universidad atendió las aspiraciones de mucha gente de la región que no había tenido posibilidades de viajar para estudiar en otras universidades ya existentes; también a las expectativas de aquellos que teniendo más de 25 años de edad y no habiendo realizado los estudios secundarios querían acceder a la universidad. Esta fue la primera universidad argentina donde pudieron ingresar y estudiar alumnos sin título secundario, siendo uno de ellos, Carlos Montero, el primer egresado de la UNLu, como ingeniero agrónomo, en abril de 1979.
El Departamento de Orientación Educativa evaluaba las aptitudes de los mayores de 25 años sin título secundario. Y de los resultados de esa evaluación se les informaba y asesoraba sobre las dificultades que podrían tener en la carrera elegida, indicándoseles, cuando correspondía, qué tipo de estudios debían realizar para superarlos.
Es interesante señalar algunos aspectos de la modalidad didáctica y pedagógica con que se iniciaron los cursos. Todas las materias se repetían en cuatro horarios: uno a la mañana, dos por la tarde y un cuarto por la noche. Con tantos turnos se buscaba que pudieran estudiar aquellos que debían trabajar y también que el número de alumnos por curso fuese pequeño; no es casual que en la universidad no haya aulas muy grandes.
Los objetivos del Ciclo de Estudios Generales estaban orientados a ofrecer al alumno una formación integral, cualquiera fuese la carrera que al finalizar el primer año eligiesen. Así fue desde 1973 hasta 1979. Durante esos seis años sólo cambiaron las formas: tras la muerte de Perón el ministro de educación Oscar Ivanissevich, en el año 1975, impuso que en el primer año de todas las universidades nacionales se debían dictar tres materias: Geografía Argentina, Idioma Nacional e Historia Argentina, el llamado Tríptico. En Luján seguimos dictando las asignaturas del CEG. No se daba más Política, esa materia se dictaba como Historia argentina; Ecología y Economía se dictaban como Geografía y Filosofía como Idioma nacional. También ese ministro prohibió en ingreso de mayores de 25 años sin título secundario. Ya en la dictadura instalada en el 76 se dejó de dictar el tríptico y en lugar de Economía y de Política, con algunos de los docentes que pudieron permanecer y un programa parecido, dictábamos Problemática Económico Social (PES).
Algunos cambios
Las cosas fueron cambiando, en algunos casos adaptándose y pareciéndose a las carreras y títulos de otras universidades. Hasta principios de 1978 a los alumnos que alcanzaban los objetivos previstos en las asignaturas se les ponía "aprobado" como calificación. Se argumentaba que la calificación numérica estimulaba la competencia y no la solidaridad. Fue un error, no sólo por que no es verdad sino porque "aprobado" en todo el sistema universitario numéricamente es un 4 y así los alumnos tenían un promedio muy bajo. En adelante a las materias se las calificaba con notas; la Licenciatura en Producción Animal y Vegetal pasó a ser Ingeniería Agronómica y la Licenciatura en Transformación de Alimentos se llamó Ingeniería en Alimentos. Esto fue así por la presión de los colegios profesionales de Agronomía en el primer caso y por el perfil del plan de estudios de Alimentos en el segundo. De este modo, se podían cursar cinco carreras, más una carrera de post-grado; los títulos que se otorgaban eran los de Ingeniero en Alimentos, Ingeniero Agrónomo, Licenciado en Administración de Empresas, Licenciado en Desarrollo Social, Licenciado en Educación Permanente, y Licenciado en Historia Argentina y Americana que era la carrera de postgrado.
Para facilitar una rápida salida laboral, la Universidad otorgaba títulos intermedios, luego de cumplido un tramo de la carrera básica. Estos títulos poseían el nivel de Técnico Universitario, y eran otorgados en las siguientes orientaciones: en Producción Agropecuaria, en Tecnología de Alimentos, en Administración de Empresas, en Minoridad y Familia, en Tecnología Educativa, en Educación de Adultos y en Museos.
Mignone permanece
Tras la muerte de Perón el Ministro Ivanissevich cambió a todos los rectores menos a Mignone y al rector de San Luís, quienes estuvieron en sus cargos los dos años y diez meses de aquel período de gobierno peronista con los Ministros Taiana, Ivanissevich y Arrighi.
Cambió tanto la política para con las universidades que en algunos casos, como en Exactas de la UBA, el Decano interventor Raúl Sardini -quien ya había sido Decano después de la noche de los bastones largos- hizo exorcizar las instalaciones, que seguramente estaban poseídas por los demonios -que como ya sabemos los demonios son casi todos marxistas-. Recuerdo la foto de ese acto en la tapa del diario La Nación. En la Universidad Nacional de La Plata, antes de intervenirla, mataron a dos Secretarios del Rectorado en momentos en que se desplazaban hacia la Capital Federal en el coche oficial. El Rector (Presidente) el Prof. Agoglia, debió exiliarse después que, al no encontrarlo en la casa, mataron a un hijo suyo de 20 años que allí estaba.
Ese era el ambiente que, en general, se vivía en aquellos años en las universidades donde era permanente el estado de discusión y enfrentamientos políticos internos, así como provocaciones y agresiones desde fuera de ellas. Comparada con las universidades cercanas, la de Lujan era una pequeña isla en paz.
continua-
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